Como los humanos nunca han sido capaces de llevarse bien durante mucho tiempo, estaba claro que las guerras evolucionarían. Por esa razón, para golpear cabezas de un modo más eficaz, nació la tradición militar en diversos lugares. Al principio, la tradición consistía únicamente en instruir a los guerreros, "voluntarios" que seguían las órdenes de un líder cuando surgían conflictos. Algunas de las primeras milicias se originaron en la India. Tras las invasiones arias hacia el año 2000 a. C., las ciudades-estado del valle del Indo empezaron a contar con grupos de soldados permanentes. Sobre esa misma época, el Imperio antiguo de Egipto estableció una milicia entrenada para combatir a los libios, los nubios y los cananeos, entre otros. Durante el "periodo de los Reinos Combatientes", se estableció en China una firme tradición militar.
Fue en Grecia, en concreto en Esparta, donde nació el primer ejército profesional. Desde los siete años, los niños vivían internados en cuarteles donde se les adoctrinaba en las tradiciones militares del país. Allí permanecían hasta los treinta y tres años, edad a partir de la cual podían casarse y formar una familia, aunque estaban "en la reserva" hasta los sesenta. Con Roma, la tradición militar ya comprendía un amplio abanico de elementos: tácticas, uniformes, formaciones, saludos, etc. Los sucesores de Roma en Europa formalizaron todavía más la práctica de la violencia masiva. En el Lejano Oriente, el código japonés del bushidō se integró en la cultura. Cuando aparecieron la pólvora y la gasolina, y las guerras dejaron de ser aventuras gloriosas para convertirse en auténticas carnicerías, cada país tenía sus propias tradiciones militares que se remontaban a varias generaciones.