La artesanía es el uso de un talento o una habilidad para la elaboración de algo, ya sea funcional o decorativo. Debido a la abundancia de mano de obra no cualificada, los antiguos artesanos (hombres libres o esclavos) estaban muy valorados. En Atenas, la artesanía interactuaba con el arte y la cultura de maneras fascinantes. A Sócrates, por ejemplo, cuyo padre era un experto mampostero, le encantaban las analogías sobre artesanía. Muchos griegos acumularon grandes fortunas gracias al trabajo de sus esclavos artesanos, y Demóstenes poseía más de 120 curtidores, cuchilleros y fabricantes de flautas. Tan valiosas eran las habilidades de algunos esclavos que los artesanos se convirtieron en un bien muy cotizado en Roma, donde sastres, tejedoras, herreros, grabadores, curtidores de pieles o zapateros se juntaban en talleres para producir artículos de primera calidad.
En la Edad Media, los artesanos empezaron a organizarse en gremios para promover sus habilidades y sus normas. En estos gremios, aquellos que buscaban convertirse en maestros artesanos y alcanzar la excelencia en el oficio debían ser primero aprendices y luego oficiales. Con la industrialización y la producción en masa, la artesanía fue pasando a un segundo plano y tan solo unas décadas después de la Revolución Francesa casi todos los gremios habían desaparecido. Las grandes empresas fabricaban artículos más baratos, más rápido, sustituyendo así la artesanía por la estandarización.
Hoy en día, la artesanía prácticamente se ha convertido en sinónimo de "hecho a mano" en lugar de "producto de calidad", y estos dos conceptos son claramente distintos.