La invención de la pólvora se suele atribuir a los alquimistas chinos de la dinastía Tang y se considera uno de los "cuatro grandes inventos chinos". Según la primera referencia escrita que se tiene de ella –una fórmula compuesta de azufre, carbón y nitrato de potasio que data de la dinastía Song tardía– se creía que era un elixir de la inmortalidad... cuando era justo todo lo contrario. Pero los chinos sí que descubrieron que, si se quemaba, explotaba y que los gases resultantes se expandían rápidamente si se exponían al calor, por lo que resultaba útil para la elaboración de fuegos artificiales. Los chinos encontraron un uso más práctico para la pólvora en las rudas bombas y cohetes que utilizaron contra los mongoles... hasta que estos invadieron China y utilizaron la nueva arma contra todos los que encontraron en su camino hacia Occidente.
Mientras los mongoles usaban la pólvora para intimidar a los europeos que se iban encontrando, los árabes –en algún momento entre el 1240 y el 1280 d. C.–desarrollaron mejores fórmulas, un salitre más puro y unas armas más mortíferas, en especial, el cañón y el arcabuz primitivo. Algunos textos históricos señalan que los mamelucos utilizaron el primer cañón de la historia contra los mongoles durante la batalla de Ain Yalut en 1260, pero esto está abierto a debate. La primera descripción de un "cañón de mano portátil", sin embargo, sí que aparece en un manuscrito árabe del siglo XIV. Cuando consiguieron expulsar a los mongoles, los árabes usaron estas armas en otros lugares.
Pero fueron los europeos quienes realmente la convirtieron en un medio para conseguir matanzas al por mayor. No solo mejoraron la fórmula y añadieron detalles como el "granulado" –el uso de líquido para aumentar la granularidad y, por ende, la estabilidad– y la pólvora "sin humo", sino que ingeniaron todo tipo de juguetes que la empleaban para lanzar trozos de plomo y hierro grandes y pequeños contra las personas. Desde los días del Renacimiento, la historia militar de Europa se vio conformada por la pólvora, ya que llegó a dominar el campo de batalla como ninguna otra tecnología lo había hecho antes.