El magnate hecho a sí mismo John Jacob Astor, primer multimillonario de los Estados Unidos (y no el último) y primero también en crear un consorcio de empresas (trust), construyó su fortuna gracias al comercio de pieles. Hijo de un carnicero pobre pero feliz, nació cerca de Heidelberg en julio de 1763 y aprendió la frugalidad de su madre. Tras recibir una educación básica y poco más, John decidió emigrar a Estados Unidos.
Astor se trasladó de Baltimore a Nueva York, donde abrió una peletería en 1786. Entre 1790 y 1808, sus agentes recogían las pieles de los tramperos que cazaban en el oeste, hasta Michigan. El Tratado de Jay en 1794 obligó a los británicos a salir de la zona, y en poco tiempo Astor había ampliado sus operaciones por todo el territorio de los Grandes Lagos. Después de la compra de Luisiana, Astor se centró en dominar el comercio peletero en el noroeste del Pacífico y consiguió el permiso para formar la American Fur Company en exclusiva. Tras otra guerra con Inglaterra, convenció al Congreso de que aprobara leyes que impidieran a los extranjeros participar en el comercio peletero dentro de los Estados Unidos. Antes de 1830 había acabado con todos los comerciantes de pieles independientes y tenía el monopolio virtual de este comercio en los territorios que iban desde los Grandes Lagos hasta el Pacífico. Pero entonces John perdió el interés por ello y se retiró de la American Fur Company en 1834.
En cambio, centró su atención en el sector inmobiliario, en particular en la ciudad de Nueva York, que se encontraba en pleno auge. Compró y vendió inmuebles, en ocasiones varias veces... y consiguió aumentar la renta con cada transacción. Oficinas, empresas, grandes casas o barrios pobres, Astor se benefició del creciente valor de la tierra confinada en la isla de Manhattan. Durante la última década de su vida, se estima que ganaba más de 1,25 millones de dólares anuales solo en rentas. En el momento de su muerte, en marzo de 1848, era el mayor propietario en la ciudad.