Según los restos arqueológicos, en el Neolítico existió un asentamiento en Kumasi, pero la ciudad no fue conocida hasta que en el año 1695 se convirtió en la capital de la Confederación Ashanti durante el mandato de Osei Tutu. En 1701, tras la victoria frente a las tribus de Denkyira, Kumasi se convirtió en el centro político y cultural de la etnia ashanti. Fue también una ciudad muy rica gracias a su ubicación entre dos rutas comerciales del Sáhara y a sus minas de oro.
Cuenta la leyenda que los cielos enviaron al sacerdote y legislador Okomfo Anokye el "trono de oro", que personificaba el espíritu pasado, presente y futuro del pueblo ashanti (que no incluía los esclavos). La esclavitud era una tradición histórica de los ashantis; los esclavos eran prisioneros de guerra, capturados tras invadir otras tribus, y solían emplearse en sacrificios para seguir a sus amos al más allá. Curiosamente, los esclavos ashantis podían a su vez ser dueños de otros esclavos y solicitar un traspaso de propiedad si eran maltratados.
Kumasi vivió una época de prosperidad, llegando incluso a ser un centro de las artes, hasta que estallaron las guerras anglo-ashantis (cinco entre 1824 y 1901). El conflicto surgió cuando varios reinos costeros de Ghana se vieron amenazados por la expansión de los ashantis y solicitaron ayuda a los británicos (quizá el interés de los británicos por el oro también tuviese algo que ver). Hacia el final de la tercera guerra anglo-ashanti, y tras las victorias de los británicos en las batallas de Amoaful y Ordashu, gran parte de Kumasi había sido destruida, incluido el palacio, y la ciudad nunca recuperaría su importancia y protagonismo.
Sin embargo, continuó siendo el centro cultural de los ashantis, que recuperaron su control ceremonial en 1926. En 1935, se estableció la Región Autónoma de Ashanti en territorio británico con su capital en Kumasi.