El ser humano parece ser una especie olvidadiza, o quizá vanidosa, y levanta monumentos para conmemorar toda clase de cosas: personas, acontecimientos, victorias militares, dioses e incluso personajes de ficción (como la estatua de Peter Pan en el parque de Kensington Gardens). Suelen ubicarlos en el centro de las ciudades para que todo el mundo pueda verlos y pasee o conduzca a su alrededor. Hay monumentos de todas las formas y tamaños, bonitos y horribles. En casi todas las grandes ciudades existen arcos de triunfo, columnas, obeliscos, cenotafios y monumentos en honor a los caídos que, en teoría, llenan de orgullo patrio a sus habitantes y, en muchos casos, sirven para que aniden las palomas o los turistas saquen fotografías.