Cuando la química dominó la civilización, los científicos empezaron a buscar maneras de mejorar los productos animales y vegetales de origen natural. Primero aparecieron las fibras sintéticas de las que fue pionero Joseph Swan a principios del siglo XIX; esas fibras se hacían de cortezas de árbol y estaban pensadas para ser un filamento de mayor duración para las bombillas, pero funcionaron algo mejor como textil. Luego, el francés Hilaire de Chardonnet inventó la seda artificial, que se exhibió con gran éxito en la exposición de París de 1889. Cinco años más tarde, un trío de químicos británicos creó un material sintético al que llamaron "viscosa" y que en 1924 pasó a llamarse "rayón". Más tarde llegó el nylon de Wallace Carothers, que trabajaba para la compañía química DuPont. La primera fibra de poliéster –el dacrón– se inventó en Inglaterra en 1941 como parte del esfuerzo bélico.
No solo se produjeron tejidos a partir de polímeros sintetizados; los químicos inventaron todo tipo de materiales artificiales en sus laboratorios de empresas y universidades. Los años 50 y 60 podrían considerarse como la "Edad Sintética". El Naugahyde (conocido burlonamente como "cuero artificial") fue una combinación de tela recubierta de cloruro de polivinilo que desarrolló Byron Hunter de la Rubber Company de EE. UU. El primer diamante sintético se creó en 1953. En el año 1960, un equipo de investigadores de Carolina del Norte creó el primer césped artificial, el AstroTurf, que saltó a la fama cuando se instaló en el Astrodome de Houston en 1966. El borazón, una estructura cúbica artificial de nitruro de boro que se crea a temperaturas superiores a los 1800 grados, es uno de los materiales más duros que se conocen en su forma de cristal.
Y se siguieron haciendo nuevos productos sintéticos a un ritmo frenético. Tyvek, un textil no tejido de olefina de gran densidad, se utiliza como envoltura a través de la cual puede pasar el vapor de agua pero no los líquidos. El Teslin se desarrolló como medio de impresión sintético impermeable, un material reciclable y no tóxico que se utiliza de muchas maneras; las primeras tarjetas de crédito –ahora omnipresentes– hechas con Teslin las produjo Ron Goade en 1984. Y, en 1965, Stephanie Kwolek desarrolló en la DuPont el Kevlar, un sintético de poliamida que se utilizó por primera vez en la década de 1970 en los neumáticos de carreras; ahora, el Kevlar, que se considera cinco veces más fuerte que el acero, se encuentra en todo, desde juguetes a chalecos antibalas. La nuestra es una civilización realmente sintética.