A aquellos que quieren una vida independiente, libre de ciudades, estados y reyes y todas las injusticias que los acompañan, los bosques les ofrecen una cobertura ideal. No son adecuados para los tipos de agricultura intensiva de cereales de los que dependen los estados urbanizados y proporcionan muchos lugares donde esconderse de la caza de esclavos de los estados autocráticos o para organizar incursiones. Con los "clanes de los bosques" nos referimos a grupos como los tungus de la taiga siberiana, tribus indígenas más pequeñas de América del Norte –como los shawnee, haudenosaunee (iroqueses) o powhatan– o los diversos grupos nativos de la selva tropical.
La vida en los bosques templados implica moverse entre campamentos de caza dispersos en invierno (cuando la caza de ciervos en el bosque es más viable) a las reuniones estivales. En los trópicos, algunos grupos llegaron a practicar la "agricultura de roza y quema", en la que se iban talando y quemando partes de la selva en un patrón rotativo que, con el tiempo, era sostenible para la vida del pueblo. Otros grupos, como los achuar del Amazonas, no cultivaban directamente, sino que sembraban zonas concretas del bosque que acababan por convertirse en una especie de cultivos en la sombra. Si bien hoy en día muchos de estos grupos se enfrentan a una presión mayor por parte de las empresas madereras o mineras, históricamente, los pueblos del bosque comerciaban con las zonas urbanas, sobre todo con productos como pieles, medicinas o especias.