Hay muchos asuntos de estado que deben tratarse con discreción. Las soluciones prácticas de algunos asuntos pueden chocar con la imagen pública que pretenden dar el estado y sus líderes. Por este motivo, los gobiernos recurren en ocasiones a un pequeño grupo de profesionales capaces de tratar con discreción y sin contemplaciones los asuntos secretos del estado.
Existen numerosos y famosos ejemplos a lo largo de la historia. En el Antiguo Testamento ya se menciona a los espías. En la India y en China encontramos antiguos tratados sobre prácticas de espionaje, engaños y distracciones. "El arte de la guerra" de Sun Tzu incluye un capítulo titulado "Inteligencia y espionaje" y el Arthashastra dedica uno al espionaje, la contrainteligencia y la información en tiempos de guerra. Los mstovaris del rey David IV de Georgia mantenían informado al monarca sobre las conspiraciones en sus dominios.
Los servicios de inteligencia modernos tienen su origen en Francis Walsingham, fiel siervo de la reina Isabel I y responsable de su red de espionaje. A él y a su equipo se atribuyen prácticas como el cifrado y descifrado de mensajes, la supervisión de los agentes de campo y la lectura del correo de otras personas. No podemos afirmar ni negar si contaba con un departamento dedicado a la fabricación de ingeniosos artilugios, como bolígrafos láser y coches deportivos con asientos eyectables.