El concepto de líder militar dentro de una civilización es muy antiguo. Términos como "caudillo", del latín "capitellum" (cabecilla), "Dux Bellorum" origen del título nobiliario "duque", o el "junfa" chino del siglo XX han surgido de manera independiente a lo largo de la historia vinculados inevitablemente a la idea de un líder militar con más poder que los gobernantes de su nación. Aunque el que reine sea el rey, el que gobierna suele ser el caudillo.
Un caudillo debe ser capaz de trasladar el éxito del campo de batalla a la vida política de la capital. A lo largo de la historia, son muchos los caudillos que han levantado monumentos en su honor (la Columna de Trajano), renovado monumentos existentes (las Agujas de Cleopatra, cuya historia es tan interesante como engañoso su nombre), contado con hagiógrafos (los de Alejandro Magno) o se han rodeado de su propia corte de seguidores (como Cao Cao, fundador del reino de Wei). A veces, esto supone construir un edificio desde el que el caudillo pueda planear sus campañas militares y políticas, así como reunirse con sus consejeros de confianza, siempre por el bien del estado, por supuesto.