La domesticación de animales y la reproducción selectiva de algunos para acentuar ciertos rasgos (cría) parece que ocurrieron más o menos al mismo tiempo que el desarrollo de la agricultura. Se cree que el perro fue el primer animal domesticado, probablemente para ayudar con la caza y proteger el campamento (también mejoraron la higiene al comerse todos los restos que se tiraban alrededor de la hoguera). Las evidencias arqueológicas sugieren que los perros se domesticaron y criaron en China en primer lugar; de hecho, los genetistas creen que alrededor del 95% de las razas actuales descienden de solo unos pocos antepasados comunes chinos.
Mientras tanto, en Oriente Medio se domesticaron cabras y ovejas alrededor del 10000 a. C. Más tarde, los hombres domesticaron las reses, probablemente en Oriente Medio también, según los genetistas. Luego, alrededor del 4000 a. C., les llegó el turno a los caballos en las estepas de Eurasia. Y después los siguieron muchas de las criaturas del planeta. Con el tiempo, la mayoría de animales domesticados se volvieron tan dóciles que no podían sobrevivir por sí mismos en la naturaleza. Los que no pudieron ser domesticados fueron cazados por hombres a caballo... con perros.
Según Charles Darwin, para poder domesticarlo, un animal debe reunir ciertos requisitos. Tiene que ser capaz de consumir alimentos que resulten menos atractivos a los seres humanos (hierbas, alimañas o sobras). Debe crecer con rapidez, para que llegue a ser útil pronto y de manera que se pueda reproducir mediante repetidas generaciones de cría. El animal debe tener una buena disposición (no morder la mano que le da de comer). No debe asustarse fácilmente... o si lo hace, debe tender a permanecer con otros de su clase para hacer posible que los seres humanos o los perros protejan al grupo. Por último, es útil si se puede entrenar o engañar al animal para que piense que un ser humano es el líder de la manada o del rebaño.