En el agujero negro de la historia (es decir, antes de que existieran registros escritos), los humanos establecieron varias y complejas economías con elementos como la mano de obra, el comercio y la inversión. La economía fue bastante básica hasta el siglo XIV, cuando la gran hambruna (1315-1317) y la peste negra (1348-1350) provocaron el colapso del sistema feudal debido a la escasez de mano de obra, primero en Inglaterra y después en toda Europa. Los señores feudales necesitaban siervos para sus tierras y empezaron a contratar a trabajadores. A su vez, muchos artesanos se trasladaron a los pueblos y las ciudades, donde gremios enteros habían desaparecido por el hambre y la peste, para trabajar a cambio de dinero y no solo para subsistir. Todo esto sentó las bases del colonialismo y el mercantilismo, precursores del capitalismo. Fue Adam Smith quien primero expuso que el mercantilismo no era una fuerza del progreso económico sino un obstáculo en una civilización en la que la mano de obra era la moneda de cambio más importante.
Las ideas de teóricos como Smith coincidieron con el comienzo de la Revolución Industrial y el nuevo orden económico de los mercados libres y la mano de obra asalariada. Los inversores descubrieron que el colonialismo no era la mina de oro soñada y encontraron una nueva mina de oro en la mecanización de la industria. Los capitalistas industriales que invirtieron en los nuevos medios de producción y transporte amasaron grandes fortunas, que incluso superaban a las de los terratenientes de la nobleza y los banqueros. Por primera vez en la historia, cualquier persona podía hacerse rica sin haber nacido en una familia adinerada, y se crearon imperios a partir del sudor de otras miles de personas dispuestas a trabajar a cambio de un salario.
El capitalismo moderno fue el primer sistema que benefició a todas las clases sociales. Los salarios aumentaron, en parte gracias a la creación de los sindicatos, y el nivel de vida mejoró considerablemente con los artículos que se producían en masa en las fábricas. A pesar de traspiés como la Gran Depresión o las crisis del petróleo de 1973 y 1979, que propiciaron la regulación de algunos sectores por parte de los gobiernos con medidas keynesianas, el capitalismo se ha convertido en el nuevo orden mundial.