El rumbo de la civilización contemporánea ha estado marcado en su gran mayoría por los "ismos": capitalismo, socialismo, comunismo, fascismo, conservadurismo, liberalismo, pluralismo, racismo, feminismo, terrorismo, cientificismo e infinidad de ideologías que pretenden dictar el "funcionamiento" de la sociedad.
Durante la Revolución Francesa, el filósofo Destutt de Tracy empleó la palabra "idéologie" para designar su "ciencia de las ideas". Compartía la visión de Francis Bacon de que el destino de la ciencia era mejorar la vida de la humanidad. La ideología era una ciencia con la misión de servir a los hombres e incluso salvarlos de ellos mismos, librando sus mentes de prejuicios y preparándolos para la supremacía de la razón. Sin embargo, cuando Napoleón asoció la palabra "ideología" con los elementos del pensamiento revolucionario que consideraba más detestables, aportó al término desaprobación y fanatismo en lugar de racionalismo. Karl Marx, junto a los influyentes sociólogos alemanes Max Weber y Karl Mannheim, empleó el término con el sentido peyorativo de una falsa consciencia generada por sistemas de creencias. Desde esta perspectiva, la ideología política es un constructo intelectual que no debe ser juzgado en términos de su verdad, consistencia o claridad, sino como la expresión de los intereses especiales de un grupo.
Hasta la aparición de los medios de comunicación de masas, las ideologías fueron en su mayoría simples teorías sobre las que discutían los académicos. Con la posibilidad de promover "causas" a través de la prensa, la radio y la televisión, los ismos se volvieron más inmediatos y a empezaron reflejarse en los distintos medios. Todas las guerras, movimientos y genocidios del siglo XX pueden atribuirse a divisiones causadas por las ideologías. Como afirma Joycelyn Elders, "todos tenemos que lidiar con nuestros ismos". De lo contrario, nos espera un futuro funesto.