La historia de Johannesburgo es de riqueza y conflicto. En la tierra en que se encuentra Johannesburgo la humanidad ha existido durante millones de años; en épocas mucho más recientes, la han ocupado los san, los sotho-tswana y otros pueblos africanos. Pero las sucesivas oleadas de imperios europeos cambiaron para siempre Sudáfrica cuando –primero los holandeses y luego los ingleses– se hicieron presentes en la zona. Cuando estos últimos reemplazaron a los primeros, los colonos holandeses se trasladaron al norte, hacia el interior de Sudáfrica, y se establecieron tierra adentro. En la década de 1880, en lo que se convertiría en Johannesburgo, un colono descubrió el yacimiento de oro de Witwatersrand.
La ciudad creció con rapidez, mientras los buscadores de oro acudían en busca del preciado metal, los barones de la tierra intentaban controlar el territorio y los trabajadores de toda África del Sur buscaban faena en las minas. Fue un lugar salvaje, con mineros, gánsteres y otras personas de toda la región (incluida, sorprendentemente, una industria de lavandería dominada por los zulúes). Aunque los afrikáneres holandeses y los colonos ingleses dieron nombre a la ciudad en crecimiento ("Johannes" era el nombre holandés más popular en ese momento), gran parte de la población era africana.
La zona estaba controlada en ese momento por la Zuid-Afrikaansche Republiek –la República Sudafricana Boer (holandesa)–, un estado que había resistido la expansión británica en la primera guerra bóer y que existió durante un tiempo como república independiente. El estado no resistiría al imperio en la segunda guerra bóer, que vio el despoblamiento de Johannesburgo (y el establecimiento de su comunidad china).
Esta atención centrada en las minas sería lo que definiría Johannesburgo. Soweto, el asentamiento para los mineros africanos negros, creció hasta alcanzar un tamaño que rivalizaba con el de la ciudad central o lo superaba. Con el sistema racista del apartheid implementado en su totalidad en 1948, estos trabajadores vieron restringidos su movimiento y derechos. Estas tensiones estallaron en el levantamiento de Soweto de 1976, cuando los estudiantes negros marcharon contra el régimen. La policía, en respuesta, abrió fuego contra ellos. Como resultado, Soweto y el Congreso Nacional Africano ganaron un papel preponderante en la resistencia contra la segregación racial; el CNA subió al poder y marcó el final del apartheid en 1994.
Hoy en día, Johannesburgo es la ciudad más grande de Sudáfrica. La minería ha disminuido en importancia aunque todavía hay conflictos entre los mineros y la policía, pero la ciudad sigue siendo una urbe industrial.