Es probable que la reina Himiko fuera una persona real, aunque hoy en día es una figura legendaria. Era la reina de Yamatai, en las islas que los chinos llamaban Wa (el Japón actual). Según cuentan las crónicas chinas, Himiko envió obsequios al reino de Cao Wei (el más septentrional de los tres estados que se repartieron China en el siglo III d. C). En estos anales, el emperador chino llama a Himiko "reina de Wa y amiga de Wei".
La historia de Himiko se pone interesante de verdad con las acusaciones de brujería. Las fuentes chinas sostienen que hechizó a todos los habitantes de Wa para someterlos, que vivía en un gran castillo atendida en su totalidad por criadas y guardias mujeres (excepto un hombre, que le llevaba la comida) y rara vez salía de ahí. Esta reputación mística se acentúa en las historias japonesas, que identifican a Himiko con una serie de seres divinos como la gran chamán de la diosa del Sol japonesa, Amaterasu, o la esposa chamánica de una serpiente divina. En esta última historia, Himiko (a la que se identifica con el nombre de Yamato-toto-hi-momo-so-bime no Mikoto) está casada felizmente con un ser a todas luces divino, pero que solo la visita de noche. Ella le ruega que se quede hasta el amanecer para poder verlo a la luz del Sol, pero él se niega. Al final, lo convence, y él le dice que lo verá en la letrina, pero que debe prometer que no se sorprenderá de su apariencia. A la mañana siguiente, cuando abre el excusado, encuentra dentro una hermosa serpiente blanca enrollada. Himiko no puede contener un grito de alarma, y el dios serpiente recupera su forma humana. Este, enojado, le dice que le había advertido que no reaccionara así y que por ello debe dejarla. Himiko, incapaz de contener el dolor, se mata clavándose un puñal.
El amplio abanico de facetas que rodean a Himiko pinta el retrato de una mujer extraordinaria. Combinó las características de reina y chamán, algo que debió de molestar a los cronistas de su tiempo (en gran parte patriarcales). Su historia habla de la influencia casi sobrenatural que las personas carismáticas pueden tener sobre nosotros. En las representaciones populares japonesas, algunas veces aparece como seductora y otras como una reina sabia y anciana, pero sigue siendo igual de popular que siempre.