La Ciudad del Vaticano, con poco más de medio kilómetro cuadrado y 1000 habitantes, es el estado soberano más pequeño del mundo. El legado del Vaticano se remonta a hace casi dos mil años, como emplazamiento de la Santa Sede, el corazón administrativo de la Iglesia Católica, que tiene más de mil millones de seguidores.
El Vaticano, bautizado así por la colina en la que se asienta, se encuentra al otro lado del río Tíber desde el corazón histórico de Roma. Para los romanos, la colina del Vaticano era el lugar donde erigían tumbas y santuarios de las deidades paganas, y fue ahí donde el emperador Nerón construyó sus jardines y su gran complejo de ocio. Y también fue en ese complejo donde, según la tradición católica, crucificó al apóstol Pedro boca abajo. Pero, mientras que el circo de Nerón no sobreviviría, alrededor del año 326 el emperador romano Constantino construyó la basílica de San Pedro en el lugar donde murió el apóstol. Constantino también designó lugares a los que peregrinara la gente por todo el imperio; y, como tal, el Vaticano se convirtió en un destino popular para los viajeros. Esto a su vez requirió nuevas remodelaciones: alojamiento, un mercado (el Borgo) y murallas más altas y elaboradas.
Tal vez como venganza final contra Nerón y sus jardines, el Vaticano se convirtió en un referente para las artes del Renacimiento que superó con creces al emperador loco, siendo la más famosa la Capilla Sixtina, con su techo pintado por Miguel Ángel en 1508 por encargo del papa Julio II. Este quiso remodelar la milenaria basílica y encargó una nueva, que se completaría más de cien años después, en 1626.
Como corazón de la Iglesia Católica, el Vaticano ha sido la cuna de muchas decisiones trascendentales: sobrevivió a la caída del Imperio romano de Occidente, al cisma con la Iglesia Ortodoxa Oriental y a la Edad Media. En el siglo XIV, los papas cambiaron el Vaticano por Francia, pero regresaron unas décadas más tarde. Los reyes del catolicismo recurrieron al Vaticano en busca de legitimación y apoyo y, cuando esto no bastó, los papas más emprendedores se expandieron a Italia y crearon los Estados Pontificios.
Pero las fuerzas seculares iban en auge y, en 1870, una Italia ya unificada se apoderó de las tierras papales de fuera del Vaticano. El conflicto permaneció sin resolver hasta 1929, cuando Benito Mussolini compensó a la Santa Sede por sus pérdidas y dio a la Sede del Vaticano el estatus de estado soberano.
En la actualidad, el papa mantiene su residencia ahí y el Vaticano continúa siendo una voz importante –en el ámbito cultural, religioso y político– en los asuntos mundiales. Sigue albergando también impresionantes museos de arte, proezas arquitectónicas y jardines.