Chinguetti es una ciudad al borde del desierto, pero no siempre fue así. Las pinturas rupestres muestran cuánto ha cambiado el clima en la historia de la humanidad, pues en ellas aparecen jirafas y otras criaturas de la sabana en un paisaje exuberante. Ahora, el Sáhara está engullendo la ciudad.
Pero el Sáhara no es del todo un páramo, no al menos para los bereberes (los pueblos nómadas del norte de África). Al contrario, Chinguetti fue un punto de partida de las rutas que cruzaban el gran desierto. Como tal, era un lugar donde los musulmanes se congregaban antes de emprender la peregrinación a La Meca. Y, cuando los peregrinos regresaban, traían maravillas. Chinguetti fue un centro de erudición durante el apogeo del Imperio almorávide, en los siglos XI y XII, y su importancia duró hasta el siglo XVI. Relacionada con Tombuctú, su hermana mayor, e igual que ella, Chinguetti acogió una serie de bibliotecas famosas, lugares donde los peregrinos podían compartir todo lo que habían encontrado en sus viajes. Esto iba mucho más allá de la religión y abarcaba las matemáticas, la ciencia, la astronomía y, sobre todo, la ley islámica. Estos centros de estudios, los "ksour", eran bastiones de la vida y el comercio islámicos y constituían oasis de aprendizaje en el desierto.
La ciudad cayó en un desuso relativo después de que los viajes por mar volvieran obsoletas las rutas transaharianas: ¿para qué cruzar el desierto más grande del mundo en una peligrosa caravana de camellos cuando uno podía hacer el viaje por mar, un poco menos arriesgado y mucho más rápido? En la actualidad, Chinguetti es Patrimonio de la Humanidad de la nación de Mauritania, conocido sobre todo por la mezquita del Viernes, del siglo XIII.