La costa de Somalia ha sido de vital importancia desde la Antigüedad. Aunque ahora pensamos en el comercio que cruza el Canal de Suez y recorre el subcontinente indio, esta zona ya era fundamental antes. En la época romana, los mercaderes somalíes y árabes disuadieron a los comerciantes indios de visitar los puertos al norte del Cuerno de África, ya que estaban demasiado cerca de mercados romanos (y para conservar esa lucrativa conexión para ellos solos), pero estos eran libres de establecerse en puertos como Mogadiscio, y la ciudad se convirtió en la sede de los mercaderes indios en África. Además de la India y Roma, los comerciantes somalíes llevaban telas y otros artículos de Fenicia, Egipto, Grecia, Persia y más allá por la costa suajili. Pero las redes también se extendieron hacia el oeste, hasta Sudán y Etiopía. Ibn Jaldún, el filósofo árabe del siglo XIV, describió Mogadiscio como una ciudad próspera pero que aún conservaba un carácter en esencia nómada: Jaldún propugnaba un ciclo histórico en el que los pueblos nómadas y asentados estaban en constante tensión, y Mogadiscio representaba un triunfo de los nómadas.
Cuando los italianos decidieron, tarde, unirse a las otras potencias europeas en pos del colonialismo, pusieron la mirada en el Cuerno de África. A finales del siglo XIX, los británicos les "concedieron" la actual Eritrea (simplemente, "mar Rojo" en latín) a los italianos, que intentaron conquistar Etiopía (y fracasaron, gracias al emperador etíope Menelik II) y consiguieron que los sultanes somalíes se negaran a convertirse en protectorados de estos. Luego Mogadiscio pasó a ser italiana durante un breve periodo de tiempo, pero en la década de 1940, Italia perdió Somalia ante los británicos, que a su vez cedieron el territorio a las Naciones Unidas hasta la independencia, en la década de 1960. Cuando Somalia se independizó, Mogadiscio se convirtió en la capital.