Con la aparición de las religiones organizadas en la civilización, era inevitable que surgieran los teólogos. La teología es una disciplina filosófica que trata la apología y la especulación religiosa, centrada en lo divino, lo sagrado, la humanidad, dios, la salvación y el más allá. En sus esfuerzos por ser tan aplicable y sistemática como cualquier ciencia ha dado lugar a una gran variedad de "ismos": agnosticismo, ateísmo, deísmo, dualismo, monoteísmo, panteísmo, politeísmo, animismo o totemismo, entre otros. Aunque es aplicable a todas las religiones, la teología ha predominado sobre todo en las abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo en todas sus ramas.
El filósofo Platón identificaba el término "teología" con lo mítico, que podría tener un sentido pedagógico temporal pero acababa siendo eliminado por el estado racional. Esta asociación entre teología y mitología fue común en las civilizaciones mediterráneas hasta que los cristianos se sintieron ofendidos y decidieron que la teología era un medio para proclamar lo divino, de confesarlo y de predicar esta confesión. Así, a principios de la Edad Media la teología era la manera de los creyentes de defender su declaración de fe a través de la lógica, de explicarla de un modo racional y de situarla en el contexto del mundo real y el espiritual. Durante el Renacimiento, los teólogos se esforzaron por distanciarse del misticismo para que otras disciplinas académicas los tomaran en serio.
A finales de la Edad Media y en la primera época del Renacimiento, la teología era la materia más importante en casi todas las universidades, se denominaba la "reina de las ciencias" y era la culminación del "Trivium et Quadrivium" que los jóvenes eruditos debían dominar. Durante la Ilustración, comenzó a cuestionarse la inclusión de la teología como asignatura universitaria, sobre todo en Alemania. Desde entonces, los expertos han debatido si los métodos teológicos son teóricos y científicos.