Zhang Heng, nacido en el siglo I d. C. en la ciudad de Nanjing, fue inventor, astrónomo, matemático, poeta y muchas cosas más. Vivió durante la dinastía Han oriental, en el reinado de los emperadores Andi y Shundi. Como astrónomo, Zhang Heng ocupó un puesto importante en la corte como encargado de llevar el calendario, lo que a su vez permitía al emperador hacer predicciones precisas sobre los ciclos de las estaciones y las estrellas. Para entender su importancia, hay que señalar que los súbditos chinos de aquellos tiempos creían que la vida civil era un reflejo de la vida celestial, y los astrónomos eran fundamentales para demostrar que ambos mundos iban al unísono.
A Zhang Heng se le ocurrió un modelo detallado de la Tierra y el firmamento, que comparaba con un huevo. La capa exterior era el cielo, y la yema del centro era nuestro planeta. Si bien la idea general puede parecer incorrecta ante los ojos de la ciencia actual, hay que recordar que Zhang Heng escribió esto casi dos mil años antes. El astrónomo fue capaz de demostrar que la Luna no brillaba con su propia luz y de explicar los eclipses lunares (una vez más, algo valioso para mostrar el conocimiento celeste de la corte imperial). Para asuntos más terrenales (literalmente), Zhang Heng inventó un sismógrafo que funcionaba y que utilizaba una técnica ingeniosa para señalar la dirección del epicentro de un terremoto.
Zhang Heng vivió y trabajó entre los años 78 y 139 d. C., lo cual lo convierte en un contemporáneo de los pensadores y filósofos del Imperio romano, en especial de Ptolomeo, cuya visión cosmológica fue bastante similar a la de Zhang. Al igual que ellos, su trabajo sentó las bases para otros avances técnicos y científicos.