La enorme megalópolis de Ciudad de México comenzó siendo un asentamiento azteca en una isla del lago Texcoco, y hoy es una de las mayores urbes del mundo, un enorme centro financiero, industrial, cultural y gubernamental.
Después de que abandonaran su hogar, los aztecas se establecieron en el valle de México en el siglo XIV, donde se unieron a las tribus mexicas y buscaron un lugar donde asentarse a orillas del lago Texcoco. Cuentan las leyendas que los sacerdotes recibieron visiones del dios azteca Huitzilopochtli en las que les ordenaba asentarse allá donde viesen un águila posarse sobre un nopal con una serpiente en el pico. Esa imagen ha sido siempre un símbolo nacional y es el emblema de la bandera de la actual México. La nueva ciudad azteca fue bautizada como Tenochtitlán y en sus orígenes no cubrió más que una pequeña isla del lago Texcoco.
Los aztecas transformaron rápidamente la isla y la ciudad y crearon islotes de tierra para cultivar alimento. La isla original de Tenochtitlán estaba conectada a las orillas del lago por tres calzadas y una enorme red de diques, acueductos y canales, con lo que la ciudad podía recorrerse tanto a pie como en canoa. No hay ningún tipo de construcción similar en Occidente, aunque puede que Venecia sea lo que más se aproxime (los conquistadores compararon ambas ciudades tras el contacto con esta civilización). La capital azteca era un centro de comercio y los registros arqueológicos muestran que por allí pasaban mercancías de todo el norte y centro de América, mucho más allá de las fronteras del Imperio azteca. El inmenso Huey Teocalli o templo mayor era el centro de la religión azteca y sus rituales.
Hernán Cortés y su expedición quedaron impresionados cuando vieron la ciudad por primera vez, lo cual no evitó que se dispusieran a acabar con el Imperio azteca en nombre de la corona de España, y en 1521 forzaron la rendición de la ciudad mediante un asedio. Tenochtitlán pasó a llamarse Ciudad de México, y se convirtió en uno de los mayores centros administrativos de España en el Nuevo Mundo. Los españoles empezaron a drenar agua del lago Texcoco, pues las inundaciones siempre fueron un problema y las nuevas edificaciones europeas no hacían más que agravarlo. La ciudad creció y la Iglesia católica estableció un arzobispado, por lo que su prominencia fue aún mayor.
Ciudad de México ha permanecido como la capital de la nación, aunque sus gobiernos cambiasen entre imperios y repúblicas. Allí se celebraron las Olimpíadas de 1968 y los mundiales de 1970 y 1986. La ciudad siguió creciendo en extensión y población, y ahora su región metropolitana genera casi una quinta parte del PIB de México, una de las mayores proporciones capital-nación del mundo. Esta urbe aún arrastra viejos problemas como la degradación ecológica, las brechas salariales y la calidad del agua, pero sus habitantes conservan el dinamismo y la flexibilidad que caracterizan a sus sistemas sociales tanto formales como informales, permitiendo a Ciudad de México que siga reinventándose.