Las minas de carbón y hierro de la cuenca del Ruhr son de las más productivas del mundo y se han explotado desde el siglo XVIII. Al principio se podía acceder a la extracción a cielo abierto, pero cuando se agotaron los recursos extraíbles mediante esta práctica los mineros alemanes comenzaron a excavar más hondo. En 1850 había aproximadamente 300 explotaciones mineras en la zona. Debido a las dificultades que entrañaba transportar los minerales a otros lugares, a dichas explotaciones se unieron altos hornos, empresas metalúrgicas y otras fábricas con las altas chimeneas características de la Revolución Industrial. Además del carbón y el acero, en el año 1820 ya había en la cuenca del Ruhr cientos de explotaciones que producían textiles, madera y lingotes de hierro. Los centros urbanos, repletos de mano de obra barata, comenzaron a expandirse y en la actualidad Bochum, Dortmund, Duisburgo y Essen forman una sola metrópolis interconectada. Con el reciente declive de las industrias del hierro y el carbón, la cuenca del Ruhr ha sufrido una transformación cultural. Lugares tan emblemáticos como el complejo industrial de la mina de carbón de Zollverein o el Gasometer Oberhausenhave han sido reformados por su valor histórico y declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.