Hattusa, antaño capital del poderoso Imperio hitita, es hoy un conjunto de ruinas declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Antes del año 2000 a. C., los hititas empezaron a construir sobre un asentamiento prehistórico abandonado en la colina de Büyükkale aprovechando su posición defensiva. Durante los siglos XIX y XVIII a. C., los mercaderes asirios establecieron un puesto comercial en la ciudad e introdujeron la escritura cuneiforme. Un siglo después, el rey Anitta destruyó la ciudad y grabó en piedra una maldición: "Quienquiera que sea coronado rey tras de mí y reconstruya Hattusa, sufrirá la furia del dios de la Tormenta".
Transcurridos unos años, e ignorando la maldición, un rey hitita decidió establecer allí su capital y levantar un palacio. Con él comenzó un linaje de grandes reyes hititas y Hattusa se convirtió en el centro del aprendizaje, la religión y la política del imperio. En su apogeo, la ciudad abarcaba una superficie de 1,8 kilómetros cuadrados, contaba con una población de 40 000 a 50 000 habitantes y estaba rodeada de grandes murallas, construidas durante el reinado de Suppiluliuma hacia el año 1333 a. C. En la parte sur había cuatro grandes templos de piedra rodeados de tiendas y casas de adobe.
Aunque no se sabe con certeza, seguramente fue en Hattusa donde tuvieron lugar la mayoría de avances tecnológicos realizados por los hititas. Fueron los primeros en trabajar el hierro para forjar armas y herramientas de mejor calidad, en desarrollar carros de dos caballos y en emplear ruedas con bordes de hierro para resistir la superficie rocosa de los caminos. Los agricultores mejoraron los sistemas de riego, rotaron los cultivos e inventaron diversas herramientas de labranza. Según los restos hallados en las excavaciones arqueológicas, la ciudad, y con ella el Imperio hitita, fue destruida hacia el año 1200 a. C.