Mont Saint Michel, situada en un islote rocoso rodeado de mareas y bancos de arena entre Normandía y Bretaña, es una abadía benedictina de estilo gótico dedicada al arcángel Miguel y construida en el monte del mismo nombre entre los siglos XI y XVI. Además del cráneo de Auberto, en el lugar también se depositaron algunos restos de San Petroc, San Olaf y otras reliquias sagradas. Las torres, las altas murallas y su ubicación otorgaban al lugar un gran valor estratégico, y muchos reyes franceses estacionaron en él una pequeña guarnición. Con la marea baja, los peregrinos podían acceder fácilmente para realizar un donativo o recibir la bendición. Con la marea alta, los barcos encallaban y las fuerzas atacantes se ahogaban. El lugar permaneció infranqueable durante la Guerra de los Cien Años y más aún. Su posición hacía que fuese el lugar ideal para encarcelar a traidores y pecadores. Luis XI convirtió Mont Saint Michel en una prisión y ese fue su uso durante el resto del Antiguo Régimen. En la actualidad es una atracción turística.