En la "ficción extraña" de H. P. Lovecraft y demás, los dioses quedan olvidados, por fortuna. En esencia, los Antiguos de Lovecraft permanecen indiferentes ante la humanidad y el contacto con ellos comporta de manera inevitable la locura o la muerte. Pero no todos los han olvidado: la ficción extraña está llena de ejemplos de cultos escondidos que han redescubierto los hitos de los antiguos dioses y los han convertido en objetos de adoración.
Siempre hemos reciclado los restos religiosos de las antiguas creencias, sobre todo aquellas que no entendemos por completo. La magia europea de la Edad Media y épocas posteriores recurría a menudo a los símbolos griegos o egipcios, no porque contuvieran algún tipo de conocimiento esotérico, sino porque parecían albergar en su propia incomprensibilidad la promesa de más poder. Y no solo los europeos apelan a lo incomprensible. Los mien del altiplano del sudeste asiático portan elaborados documentos escritos en caracteres chinos (que pocos de ellos saben leer) por un emperador divino que les otorgan el derecho a vivir en las cimas de las montañas sin que nadie los moleste. Los aldeanos de Tanzania que quieren sanar prefieren ir al curandero de un pueblo distante, en lugar de a uno que viva al lado. Y los magos adolescentes de los libros de fantasía populares rara vez pronuncian sus hechizos en su lengua materna. El atractivo de lo desconocido es que puede contener una fuente de poder que escapa a nuestra comprensión. Y también puede inspirar un obelisco.