Es comúnmente aceptado que la Biblioteca Real de Alejandría se fundó a principios del siglo III a. C. durante el mandato de Ptolomeo II en el lugar en el que su padre había levantado el Templo de las Musas. La colección original se atribuye a Demetrio de Falerón, discípulo de Aristóteles, y algunos de los primeros pergaminos de la biblioteca eran del famoso filósofo. Con el mecenazgo de los sucesores de Ptolomeo, sus archivos llegaron a alcanzar entre 400 y 700 pergaminos de papiro y códices de vitela. La ampliación de la colección se volvió una obsesión para algunos gobernantes y, por decreto de Ptolomeo III, los escritos que portaban todos los visitantes de la ciudad se copiaban para incorporarlos a la biblioteca. Existen varias teorías sobre la destrucción de los archivos de la Gran Biblioteca. Entre los sospechosos habituales destacan las tropas de Julio César en el año 48 a. C. y el emperador romano Aureliano en el año 270 d. C. Parece que los últimos vestigios se quemaron en 391 por orden del patriarca Teófilo para erradicar las influencias paganas en Egipto, y no sería la última vez que los cristianos quemasen libros.