Como todos sus intentos por alcanzar la inmortalidad fueron en vano, Qin Shi Huang, primer emperador de Qin, quiso asegurarse de que el lugar en el que descansaría eternamente estuviese a la altura de su grandeza. En un alarde de arrogancia, el emperador ordenó que empezasen las obras de su mausoleo en el 246 a. C., cuando solo tenía trece años y acababa de ascender al trono. Según escribió el geógrafo chino Li Daoyuan seis siglos después, el lugar escogido fue el monte Li porque la cara sur era rica en jade y las laderas norte, en oro. En su obra Memorias históricas, Sima Qian asegura que en las obras participaron 700 000 obreros que se encargaron de excavar la tumba y llenarla con 8000 soldados, 130 carros de caballos y 150 soldados de caballería, todos de terracota, con armas reales y en formación militar. El ejército de terracota fue descubierto en 1974 por unos campesinos mientras excavaban un pozo.