El belicismo es más que una consecuencia diplomática; puede ser un estado mental, casi algo honorable desde cierto punto de vista. Se cree que los soldados del ejército de Napoleón, al inicio de sus días de conquista, veían el constante belicismo de su general y emperador como una causa justa. Sin embargo, hay algunas estrictas penalizaciones por iniciar una guerra no justificada, sin casus belli.
Un jugador que inicia una guerra sin casus belli (véase la sección de casus belli, en Diplomacia) empezará a acumular penalizaciones de belicosidad de otras civilizaciones con las que haya entrado en contacto, además de cualquier hastío bélico que ya haya sufrido. Iniciar una guerra por sorpresa, conquistar ciudades de otras civilizaciones, arrasar ciudades conquistadas y usar dispositivos nucleares aumenta la penalización diplomática según la época en la que se encuentre el jugador.
El otro método es denunciar a la otra civilización primero y luego declarar la guerra formalmente. De este modo, las penalizaciones de belicismo no aumentan y se puede usar un casus belli para reducirlas. Sin embargo, como primero hay que denunciar al adversario, el plan se "telegrafía" al objetivo y no tendrás la ventaja de la sorpresa.