La ciudad de Estambul (también Constantinopla o Bizancio) ha sido hogar de muchos pueblos, aunque es más conocida por ser la capital de los Imperios bizantino y otomano. También ha acogido distintas fes, entre las que destacan la Iglesia ortodoxa de Oriente y el islam. Nada plasma tan bien esa diversidad cultural como la fabulosa Santa Sofía (su nombre en griego significa "santa sabiduría"). Construida alrededor del año 532 d. C. como basílica patriarcal ortodoxa, lleva casi 1500 años al servicio de los creyentes. En 1453, cuando los otomanos capturaron Constantinopla y le cambiaron el nombre, Santa Sofía se transformó en mezquita. Su majestuosa y ornamentada estructura de piedra y mármol está presidida por una cúpula dorada de 31 metros de diámetro. Los mandatarios musulmanes añadieron cuatro minaretes. La estructura ha sobrevivido a terremotos, incendios, revueltas, saqueos (por ejemplo, durante la Cuarta Cruzada) y una masacre (cuando los conquistadores otomanos mataron a los ancianos y los enfermos que se habían refugiado en ella). Hoy en día, Santa Sofía acoge un museo y sigue siendo una de las construcciones más impresionantes de la civilización.